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¿Cuán comprometido estás con tu aprendizaje?

¿Estás realmente interesado en crecer y desarrollarte profesionalmente?  ¿Que te lo está impidiendo? Veamos algunos de los principales obstáculos que pueden aparecer en tu camino.



 


Admitámoslo. El aprendizaje es incómodo. Nos obliga a abandonar nuestra zona de confort para internarnos en nuestra zona de expansión.

Y ello nos pone en contacto directo con nuestros límites y por lo tanto con nuestras inseguridades.

¿Porqué entonces es necesario emprender un proceso que suele ser a veces tan arduo?

La respuesta está en un viejo afiche que observé hace tiempo (ver imagen abajo).



 Efectivamente, el mundo globalizado y tecnológico de hoy, nos impone un proceso de cambio permanente que opera cotidianamente y del cual no somos totalmente conscientes.

En ese mundo, nuestras prácticas habituales de gestión y las interpretaciones que hemos construído y adoptado hasta el presente, ya son insuficientes para lograr una cabal comprensión de los desafíos que hoy enfrentamos.

En otras palabras, corremos el riesgo de estar "debidamente preparados para un mundo que ya no existe".

Y si la expansión de nuestras capacidades es crítico de cara a lograr nuestros objetivos.

¿Cuáles son los obstáculos que nos están impidiendo concretarlo?  Veamos algunos de ellos que suelen aparecer con frecuencia:

  • Dificultad para declarar "no sé":  Ello se debe en gran parte a nuestro temor a ser descalificados y ridiculizados por los demás. ¿Cómo llegamos a eso?  Repasemos nuestra experiencia con las instituciones de enseñanza. ¿Qué es lo que pasaba cuando decíamos "no se" por respuesta?. No nos damos cuenta que la primera condición para poder transitar el camino del aprendizaje es precisamente reconocer "que no sabemos".
  • No tengo tiempo: La respuesta que aparece más frecuentemente. Como si el tiempo fuera un recurso "que pudiera comprar en cualquier supermercado y que me está faltando en mi cocina". En realidad, esta declaración está escondiendo una elección personal que no queremos reconocer (ver artículo "Yo no quería pero ..."). Siempre estaremos postergando la decisión de comprometernos con nuestra formación para cuando "haya un mejor tiempo". Y ese mejor tiempo nunca llega, ya que ocupamos nuestras agendas con asuntos que siempre resultan "más urgentes".
  • Confundir saber con tener información: Hoy es la época en que la información está absolutamente disponible. ¿Pero eso es suficiente para concretar nuestro aprendizaje? Permitanme responder con un ejemplo.  Si un amigo de ustedes les asegurara que ha leído y estudiado detenidamente el mejor manual de cirugía "a corazón abierto". ¿Ustedes se dejarían operar por él? Seguramente que no, y ello se debe a que el saber implica poder ser capaces de poner en juego acciones concretas que antes no se encontraban disponibles. El saber es acción, no mera información.
  • Dado quien soy, esto no lo puedo aprender: Aquí el principal obstáculo son nuestras propias creencias limitantes. "Como yo no soy bueno con las matemáticas, no puedo cursar un master en administración".  Y la falacia está en confundir "me cuesta, me resulta difícil" con la declaración de "no puedo". La primera abre la puerta a la posibilidad del aprendizaje mientras que la segunda la cierra definitivamente (ver artículo "Liberá tu potencial").
  • No aceptar los errores: Allí lo que está en juego es nuestro amor propio (que como decía un amigo, es tan grande que cuando morimos "muere 15 minutos después que nosotros" porque se resiste a desaparecer). No debemos confundir "equivocarnos" con "fracasar", ya que el error esconde un capital de aprendizaje enorme.  Permitirnos preguntarnos luego de la equivocación ¿qué es lo que haríamos diferente? nos estará abriendo nuevas posibilidades de una mayor eficacia y por lo tanto, el tan anhelado logro del objetivo.
  • No dar autoridad al otro para que me enseñe: Muchas veces nos encontramos cuestionando la idoneidad del otro para enseñarnos algo. Muy especialmente si ya hemos alcanzado altos niveles de responsabilidad o egresado de prestigiosas instituciones académicas. Nos olvidamos que toda experiencia es una oportunidad de aprendizaje. Y muy especialmente de aquellas que surjen de nuestras interrelaciones con los demás. Cada ser humano es un observador diferente de la realidad y siempre nos puede mostrar algo que nosotros no estamos contemplando.
  • Querer tenerlo todo claro todo el tiempo: Este obstáculo surge como consecuencia de la falsa ilusión de poder "controlar" las variables que nos acontecen cotidianamente  como una forma de garantizar "nuestra tranquilidad y seguridad". Por otra parte, nadie nos mostró que la verdadera expansión del conocimiento proviene de poder diseñar preguntas poderosas. Aquellas que nos invitan a la reflexión y que no  tienen en un primer momento una respuesta. Aprender a convivir con la incertidumbre nos conecta con nuestra humildad y la aceptación de que hay situaciones que van más allá de nuestra comprensión inmediata, y por lo tanto de nuestro control.

Estos son entonces sólo algunos de los desafíos que enfrentaremos y deberemos superar si realmente estamos comprometidos con nuestro aprendizaje.

No será sencillo, porque en todo momento nos asaltarán nuestros temores e inseguridades, pero como dice el refrán:

"Sólo quienes tienen el coraje de perder de vista la orilla, podrán descubrir nuevos mundos".